
Posición número uno.
Defensiva. Cuanto más lejos esté, y cuanta más visión tenga del campo, mejor. Al fin y al cabo soy yo la que tiene un manual de desamor a medias. Soy yo la que da dos pasos y retrocede uno. La que da alas al miedo.
Posición número dos.
Centrocampista. Dejando fluir la imaginación. Después de todo, tampoco soy tan distinta. Soy la que se levanta de madrugada con una frase en la cabeza, sin casi poder abrir los ojos de tanto sueño, y acribilla las hojas, creyendo así que algún día tendrá sentido.
Posición número tres.
Ataque. Liberando la piel de todo lo que estorbe. Olvidando derrotas y saboreando el miedo de la otra grada. Soy yo la que se tira al vacío, una y otra vez. La que tiene cicatrices que me recuerdan lo que me costó ganar, o que fácil fue perder.
Defensiva. Cuanto más lejos esté, y cuanta más visión tenga del campo, mejor. Al fin y al cabo soy yo la que tiene un manual de desamor a medias. Soy yo la que da dos pasos y retrocede uno. La que da alas al miedo.
Posición número dos.
Centrocampista. Dejando fluir la imaginación. Después de todo, tampoco soy tan distinta. Soy la que se levanta de madrugada con una frase en la cabeza, sin casi poder abrir los ojos de tanto sueño, y acribilla las hojas, creyendo así que algún día tendrá sentido.
Posición número tres.
Ataque. Liberando la piel de todo lo que estorbe. Olvidando derrotas y saboreando el miedo de la otra grada. Soy yo la que se tira al vacío, una y otra vez. La que tiene cicatrices que me recuerdan lo que me costó ganar, o que fácil fue perder.
Adelanto líneas, recuerda.